Querida familia de IDP Sudamérica:
En tiempos tan turbulentos como los que hoy vive Venezuela —marcados por tensión política, incertidumbre social y enfrentamientos que han trascendido fronteras— queremos expresar una palabra de esperanza, clamor y solidaridad espiritual.
Oramos por el pueblo venezolano y por nuestra familia de fe en IDP Venezuela.
De manera especial, elevamos oración por nuestra amada familia de IDP Venezuela y por su Obispo Nacional, Luis Gómez, pidiendo que el Señor los cubra con Su paz y les conceda sabiduría, fortaleza espiritual y discernimiento en estos tiempos desafiantes. Creemos que Dios sostiene a Sus siervos, guarda a Su Iglesia y renueva las fuerzas de quienes permanecen firmes en la fe, aun en medio de la adversidad.
Recordamos las palabras del apóstol Pablo: «No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza» (Nehemías 8:10). En medio del miedo, el desasosiego y el dolor, nuestra fe no está en el caos, sino en Aquel que calma las tormentas, porque Dios ve cada lágrima y a cada familia afectada por la situación actual.
Oramos por una paz verdadera y duradera.
No es una paz superficial ni simplemente la ausencia de conflicto. La paz que clamamos es shalom —restauración, justicia y dignidad para cada venezolano— y pedimos al Señor que establezca diálogo, reconciliación y respeto por la vida humana en todo proceso que se emprenda.
Oramos por las autoridades y líderes de todos los sectores.
Pedimos que Dios conceda sabiduría, prudencia y discernimiento a quienes toman decisiones, para que trabajen por el bien común y no por intereses particulares; y que se proteja especialmente a los más vulnerables, a los desplazados, a los que claman justicia y a los que han huido de su tierra.
Nuestra fe nos llama a ser luz y sal.
Como discípulos de Cristo, no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento. «Jehová está cerca de los quebrantados de corazón» (Salmo 34:18). Que nuestras oraciones sean acompañadas de acciones concretas de amor, apoyo a las iglesias locales y respaldo a los ministerios que sirven a las familias afectadas por la crisis.
Confiamos en el Señor que restaura.
A pesar de las noticias difíciles, confiamos en que Dios convierte el llanto en gozo y la angustia en esperanza (Salmo 30:5). Invitamos a la Iglesia a orar fervientemente por Venezuela, por paz, justicia, reconciliación y protección divina sobre cada hijo e hija de ese pueblo que tanto amamos.
Hoy levantamos un clamor que cruza fronteras y llega al trono de la gracia. Venezuela no está sola. La Iglesia de Cristo en Sudamérica se levanta en unidad, creyendo que cuando el pueblo ora, el cielo responde.
Declaramos que, aun en medio del ruido de las naciones, la voz de Dios sigue siendo más fuerte que cualquier situación. Él no ha soltado la mano de Venezuela; Él camina entre su pueblo, sostiene al cansado, abraza al afligido y renueva la esperanza del que ya no puede más.
Creemos en un Dios que levanta de las cenizas, que transforma el dolor en propósito y que hace nacer vida aun en los valles más oscuros. Por eso proclamamos que vendrán días de restauración, de consuelo y de justicia; que el llanto será cambiado en danza y la angustia en paz.
Como IDP Sudamérica, declaramos vida, paz y cobertura divina sobre cada familia venezolana. Que el Señor sea escudo, refugio y fortaleza, y que Su luz brille con más fuerza que cualquier tiniebla.
Seguimos orando, seguimos creyendo y seguimos firmes, porque Dios aún escribe historias de esperanza en medio de la adversidad.
Atentamente,
IDP Sudamérica


