UN NUEVO TIEMPO, UNA NUEVA ENTREGA

»Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer.
19 Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía. (Isaias 43:18-19).

La llegada de un nuevo año trae consigo desafíos y oportunidades que nos obligan a replantear nuestra manera de vivir, creer y servir. Cuando hablamos de un nuevo tiempo, no nos referimos únicamente al paso cronológico de los años, sino a momentos decisivos en los que Dios nos llama a responder de manera renovada.

Todo nuevo tiempo demanda, inevitablemente, una nueva entrega. Esta nueva entrega obviamente provocara muchas veces a nuestra vida temor, fundamentalmente por la necesidad de cambios que lo nuevo nos demanda. Es allí donde la entrega, que tiene que ver con una decisión personal, será vital para poder movernos a la realidad de un nuevo tiempo.

Es importante señalar que una nueva etapa no significa de manera directa que habrá un nuevo tiempo, podemos movernos en cuanto a lo cronológico, pero permanecer apegados a lo que estamos acostumbrados o que nos acomoda.

En la Biblia observamos que Dios siempre obra en medio de transiciones. Abraham tuvo que dejar su tierra, Moisés debió regresar a Egipto, y la iglesia primitiva fue impulsada por el Espíritu Santo a salir de Jerusalén hacia las naciones. En cada caso, el cambio no solo implicó movimiento externo, sino una profunda transformación interna.

El llamado divino nunca se limita a un ajuste superficial; exige una consagración más profunda y una obediencia más decidida. Si queremos ver a Dios obrar en una nueva etapa de nuestra vida, y que haya una transición que nos lleve a un nuevo nivel en Dios, será vital que entendamos que esto no será posible sin un nuevo nivel de entrega, sacrificio y esfuerzo.

Hoy vivimos tiempos marcados por la incertidumbre, cambios sociales acelerados y profundas crisis espirituales. Ante este escenario, no basta con mantener estructuras del pasado o repetir fórmulas que antes funcionaron. Dios nos invita a discernir lo que Él está haciendo ahora y a responder con una entrega fresca. Esto implica revisar nuestras prioridades, renovar nuestra pasión por el Reino y volver al centro del evangelio: amar a Dios y servir al prójimo. Esa tentación natural que nos invita a mantenernos en lo conocido se puede convertir en un estancamiento que no permita el fluir de la voluntad de Dios para nuestras vidas y ministerios.

Una nueva entrega no significa abandonar lo esencial, nuestros fundamentos, nuestras raíces, sino vivirlo con mayor pasión y autenticidad. Es abrir un espacio en nuestra vida permitiendo que el Espíritu Santo nos confronte, nos limpie y nos envíe nuevamente. Es ofrecer no solo nuestro tiempo o recursos, sino el corazón entero, con humildad y disponibilidad. Tal como enseña el apóstol Pablo, somos llamados a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, lo cual constituye nuestro culto racional.

Este nuevo tiempo también demanda valentía. Entregarnos de nuevo implica soltar seguridades, vencer el temor al cambio y confiar en que Dios sigue guiando a su pueblo. La fidelidad no consiste en resistirse a lo nuevo, sino en permanecer sensibles a la voz de Dios en cada temporada.

En conclusión, un nuevo tiempo es una invitación divina a una nueva entrega. Es una oportunidad para crecer, madurar y avanzar en la misión que Dios nos ha confiado. Que podamos responder con fe, obediencia y un corazón dispuesto, reconociendo que Aquel que nos llama es fiel y seguirá obrando en medio de cada transición.

OB. SERGIO CEDEÑO

Obispo Nacional de Chile

Scroll to Top