LA MUJER EN EL POZO

UN ENCUENTRO CON JESÚS QUE TRANSFORMA LA HISTORIA, SANA EL PASADO Y ENVÍA AL PROPÓSITO

El encuentro de Jesús con la mujer samaritana (Juan 4) revela el corazón de Dios por las personas marcadas por el rechazo y la vergüenza. Jesús no evita Samaria; va intencionalmente, rompiendo barreras culturales, religiosas y sociales. Donde otros ven exclusión, Él ve propósito.

La mujer llega al pozo al mediodía, reflejo de una vida marcada por el aislamiento. Jesús no comienza con condena, sino despertando su sed espiritual:

“Si conocieras el don de Dios…”

Cuando Jesús confronta su historia, no lo hace para humillarla, sino para liberarla. La verdad, unida a la gracia, restaura la identidad y abre el camino a una revelación más profunda: Jesús no es solo un hombre, es el Mesías.

Jesús le ofrece agua viva, una vida nueva que no depende del pasado ni de la opinión de otros. En ese momento, la mujer deja su cántaro, símbolo de su antigua carga, y corre hacia la ciudad. La que se escondía ahora anuncia; la vergüenza se transforma en misión.

Su testimonio provoca que muchos crean en Jesús. Dios no espera perfección para enviar, envía a quienes han tenido un encuentro real con Él.

UN ENCUENTRO INTENCIONAL, NO ACCIDENTAL

“Le era necesario pasar por Samaria” (Jn 4:4)

Jesús rompe con barreras históricas, culturales y religiosas. Judíos y samaritanos no se relacionaban, y menos aún un rabino con una mujer, y mucho menos con una mujer señalada por su pasado. Sin embargo, Jesús decide pasar por Samaria porque el amor de Dios siempre tiene un propósito redentor.

Esto nos confronta como Iglesia:

    • ¿A quiénes estamos evitando hoy?
    • ¿Qué “Samaritanas” estamos dejando de visitar?

EL POZO DE LA VERGÜENZA

La mujer llega al pozo al mediodía, la hora menos común para sacar agua. Esto revela más que una rutina; muestra aislamiento, rechazo y vergüenza. Su historia sentimental la había marcado, y la sociedad ya había emitido un juicio.

    • Jesús no comienza señalando su pecado, sino despertando su sed espiritual.

“Si conocieras el don de Dios…” (Jn 4:10)

    • Jesús no empieza con condena, empieza con gracia.

JESÚS CONFRONTA PARA SANAR, NO PARA HUMILLAR

Cuando Jesús revela su pasado, no lo hace para avergonzarla, sino para liberarla. Él no expone su historia delante de otros, la confronta en intimidad.
La verdad, cuando viene de Jesús, no destruye, restaura.

Aquí aprendemos que:

    • La gracia no ignora la verdad
    • La verdad no cancela la gracia

Ambas trabajan juntas para producir transformación.

DE UNA FE SUPERFICIAL A UNA REVELACIÓN PROFUNDA

La mujer pasa de ver a Jesús como:

    • Un judío
    • Un hombre especial
    • Un profeta
    • El Mesías

Un encuentro genuino con Jesús siempre nos lleva a una revelación progresiva. Él no se revela todo de una vez, sino en la medida que el corazón se abre.

EL AGUA VIVA QUE TRANSFORMA LA IDENTIDAD

Jesús le ofrece algo que ningún pozo podía darle: agua viva.
Esta agua no solo calma la sed, sana la identidad.
La mujer ya no es definida por su pasado, sino por lo que Jesús dice de ella.

Cuando alguien recibe el agua viva:

    • La culpa pierde poder
    • El pasado deja de gobernar
    • El futuro se llena de propósito

DE LA VERGÜENZA A LA MISIÓN

El momento más poderoso del relato ocurre cuando la mujer deja su cántaro y corre a la ciudad. El cántaro representa su vieja vida, su rutina, su carga.

    • La mujer que evitaba a la gente, ahora corre hacia ellos.
    • La que se escondía, ahora anuncia.
    • La que tenía vergüenza, ahora tiene misión.

“Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho” (Jn 4:29)

    • Jesús convierte su pasado en testimonio.

UNA MUJER RECHAZADA SE CONVIERTE EN INSTRUMENTO DE AVIVAMIENTO

Gracias a su testimonio, muchos samaritanos creyeron en Jesús.
Jesús no la manda a estudiar primero, ni a limpiar completamente su reputación. La envía con lo que tiene: una experiencia real.

Esto nos desafía:

    • Dios no llama a los perfectos
    • Dios perfecciona a los llamados

CONCLUSIÓN: CUANDO JESÚS SE ENCUENTRA CONTIGO, TE ENVÍA

Un encuentro con Jesús nunca termina en uno mismo. Siempre produce envío.
La mujer fue al pozo buscando agua y regresó con una misión.

Hoy Jesús sigue diciendo:

    • “El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”

Y sigue transformando vergüenza en propósito, pasado en testimonio y personas heridas en portadores del Reino.


Bendiciones, Equipo IDPSudamérica

Scroll to Top