En esta época de fin de año abundan opiniones que catalogan la Navidad como una celebración meramente «mundana». Sin embargo, muchas de estas ideas carecen de base bíblica y teológica, y pueden generar confusión.
En esta ocasión no profundizaré en esas posturas; habrá tiempo para analizarlas más adelante. Mi propósito aquí es presentar un principio teológico que nos ayude a celebrar la Navidad con verdadero sentido.
El mensaje central: la encarnación
Uno de los mensajes más importantes para la iglesia, ayer y hoy, es la encarnación de Dios. El Credo Apostólico proclamaba esta verdad fundamental. Aunque la iglesia predicaba la encarnación desde sus inicios, durante los primeros siglos no existía un día específico para celebrarla. Esto cambió en el siglo IV, cuando se estableció la fiesta de la Navidad para destacar los elementos esenciales del evangelio.
El Dr. Justo González lo explica así:
«Cuando leemos los escritos más antiguos acerca de esa festividad, vemos que no se trataba simplemente de una celebración por el mero deseo de festejar, sino que, en realidad, era un momento para subrayar algunos elementos centrales del evangelio y para emplear la festividad misma como un medio de enseñanza».[ Justo González, La Navidad: Origen, significado y textos (El Paso: Mundo Hispano, 2019), 117.]
La encarnación es clave en la historia de la salvación, pues marca el inicio del plan redentor de Dios. Al hacerse hombre, Jesús asumió nuestra naturaleza para ofrecer el sacrificio perfecto que nos reconciliaría con el Padre.
Por lo tanto, la Navidad debe recordarnos que la encarnación es el punto de partida de nuestra salvación y que toda gloria le pertenece a Dios. En este sentido, la Navidad no es solo una fiesta familiar, sino una celebración consagrada al Señor.
Cómo celebrar con propósito
La Navidad es un tiempo para glorificar a Dios por lo que ha hecho. La Escritura nos anima:
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).
Disfrutemos estas fiestas valorando los momentos en familia, pero, sobre todo, glorificando a Dios por su encarnación, que nos abrió el camino a la salvación.
¡Feliz Navidad y un bendecido Año Nuevo, para la gloria de Dios!
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Justo González, La Navidad: Origen, significado y textos (El Paso: Mundo Hispano, 2019), 117.
OB. RICARDO HINSBIS
Sup. Nacional de Paraguay


